El camino para llegar al pueblo es agradable, con muy pocas cuestas. Hay que cruzar un puente colgante, que es bastante espectacular y bonito. Una vez en Jánovas nos encontramos una fuente que mana agua de un manantial natural. Es extraño ver tanta vida en un lugar que un día la tuvo, pero que hace tiempo que no. Es una trampa romántica. Los efectos del tiempo, del descuido del abandono, pronto se ven en el pueblo cuando dejas el manantial. Al comenzar a andar por la calle principal del pueblo se ven los muros de piedra de estas majestuosas casas de pueblo que aún resisten valientes y erguidas, desafiantes a la lluvia y los años. A través de sus ventanas se ve el cielo, el tejado de la inmensa mayoría ya está en el suelo: las tejas destrozadas y las vigas partidas por la mitad. El agua les ganó la batalla. Un muro de piedra de una de estas casas de pueblo escondía una simbología importante (abajo hay una foto). Un fuerte y sano árbol crece en el interior de la casa, justo en el centro. La naturaleza ha ido invadiendo la intimidad de esos habitantes que dejaron allí su vida. Junto a la antigua chimenea crece una zarza, donde estaba el dormitorio, una hiedra, etc…
Continuamos hasta la parte más alta del pueblo y llegamos a la iglesia y al cementerio. El campanario de la iglesia se ve que goza aún de buena salud, pero no tanto el interior del templo. En la iglesia se aprecian aún frescos de la época, como en tantas otras del Sobrarbe. Un silencio tan sepulcral dentro de la iglesia intimida a cualquiera. Pero es un silencio serio. Adusto. Severo. Llamativo es también, como consecuencia del abandono, el detalle del tejado de la iglesia. Ha nacido un árbol. Si, en el mismo tejado. Os pongo también las fotos.
Decir por último que ojala se pueda proceder cuanto antes a una normalización de estas casas de pueblo y las casas de pueblos de alrededor. Ojala que pronto se puedan compra y vender las casas de este pueblo, por que eso será sinónimo de que todo vuelve a la normalidad y es posible rehabitar estos pueblos que nunca dejaron de amar a sus habitantes, aunque se los arrebatar por la fuerza.
Animaros a que veáis, visitáis y si podéis, compréis, casas de pueblo para reformar por que todas tienen un historia que contar y necesitan que las cuiden. Si caen al suelo, caerá parte de nuestra historia y también sabiduría.






















