Llegamos casi por casualidad, aunque lo íbamos buscando.
Quizá ha sido la “plazoleta” (si se me permite la
expresión) de montaña más bonita que he visto nunca.
Parecía un lugar por descubrir, virgen, sin malear. Pero
sólo era una plaza. Eso sí, reunía todo lo que le da esa
sensación de acogimiento hogareño: Casas bajitas, plaza
pequeña, una estrada estrecha en la que no caben coches,
una salida de la plaza con arcada gótica, casas y suelos
de la plaza de piedra, balconadas de madera, flores en
primavera y veranos, y una fuente muy trabajada y en
armonía con la plaza en el centro de la misma. Abajo os
ponemos fotos. Allí hay una casa de turismo rural la
casa es el
El Balcón d´Onsella. Reformada hace poco por
completo, un lugar desconocido, hecho por y para el
descanso. Seguro que todo esto les sonaría a Chino a los
Isuerrenses de antaño, cuando había que ir a la capital
para ver como rugía un motor de coche. Pues bien, da la
sensación de que en ese pueblo, en esa zona, todo sigue
siendo igual. Y también para disfrutar de sus vistas. A
un amante de la mountain bike como yo, le va a encajar.
No es un sitio con extrema dureza en los caminos, sino
que están hechos para divertirse pero a la vez hacer
deporte.
La única pega para alcanzar un estado de paz interior
máximo, es que hay cobertura, y el sempiterno sonido
desagradable del teléfono puede devolvernos a la
realidad. Menos mal que estos trastos ya lo hacen con
botones de on y off.
Puedes conocer las Cinco Villas a través de sus
casas de pueblo en venta, entre las que está la casa
rural de la que hemos hablado















